Jueves, 03 de noviembre de 2005

La particular visión sobre el amor y el erotismo plasmada en tres historias independientes, dirigidas por Michelangelo Antonioni, Steven Soderbergh y Wong Kar Wai. El resultado: una película interesante e irregular a partes iguales.
Directores y guión:
Michelangelo Antonioni (The Dangerous Thread of the Things),
Steven Soderbergh (Equilibrium) y
Wong Kar Wai (The Hand).
Intérpretes: Christopher Buchholz, Regina Nemni (The Dangerous Thread of the Things), Robert Downey Jr, Ele Keats (Equilibrium), Li Gong, Chen Chang (The Hand).
Música: Varios.
Género: Drama. EE UU / Italia / Hong Kong / China / Francia / Luxemburgo / Gran Bretaña. 2004.
Puntuación:
Eros, tres historias de amor y una película desesperante
A primera vista, una película compuesta por tres mediometrajes acerca de la particular visión sobre el amor y el erotismo de tres directores de cine puede resultar atractiva, máxime cuando los tres directores son Michelangelo Antonioni, Steven Soderbergh y Wong Kar Wai. Y en efecto, esto es lo que ocurre a primera vista, pues es posible que la sensación final, al consumarse el visionado, sea similar a la que uno experimenta cuando asiste a un recital de poesía de cualquier Instituto de Enseñanza Secundaria Obligatoria, por lo inocentemente pretencioso —si la contradicción es admisible—. Intentaré sintetizar lo que me parecieron las tres historias, con cuidado y esmero para no desvelar demasiado sobre sus presuntas tramas.
En
The Dangerous Thread of the Things, Antonioni nos cuenta una historia de amor y sexo que tiene poco de historia, poco de amor y mucho de sexo. Su parte en la película puede ser considerada sin ambages como un ejercicio solemne y mayestático de ramplonería suprema. Quizá me equivoque y el director italiano, a sus noventa y tres años de edad, haya descubierto la fórmula magistral; quizá haya destilado y depurado tanto su técnica y su forma de narrar que su cine sea puro, perfecto e inmarcesible. Si es así, pasará lo de siempre, y lo más probable es que sólo lo entienda él, cuatro amigos suyos de la infancia y un miembro del jurado del Festival de Cine de Venecia en su IV Edición. El hecho de que el sexo sea explícito no es, como pudiera pensarse, la causa de mi desagrado; a fin de cuentas, la temática y el mismo título de la película ya conforman una idea en el espectador de lo que va a ver. Lo peor es que las pésimas interpretaciones de sus tres protagonistas —que se limitan a mostrarnos sus aderezos y a hilvanar frases incoherentes—, la inconsistencia de un guión respecto al cual me declaro agnóstico y la ininteligibilidad de cualquier situación a los ojos del espectador profano hacen de este mediometraje algo, no ya no recomendado para todos los públicos, sino no recomendable para público alguno.
La segunda de las historias,
Equilibrium, de Steven Soderbergh, versa sobre la relación de un psiquiatra con su paciente, un estresado ejecutivo que ha perdido la estabilidad emocional debido a un sueño recurrente en el que aparece una misteriosa mujer. La historia es interesante y incluso divertida a ratos, y su forma de narrarla recuerda por momentos a relatos de Carver o de Salinger, pero el giro final hace que su desenlace resulte algo extraño, y no puedo evitar albergar cierta sospecha acerca de la adhesión tácita de Soderbergh a ese grupito de niños prodigio, directores jóvenes y prometedores, con ínfulas de genios del Séptimo Arte. No lo digo porque ponga en duda su talento, sino más bien porque es mucho el esfuerzo que tengo que hacer para creerme una historia pretendidamente llena de poesía y metáfora, de un director cuya anterior película fue
Ocean’s Twelve. Ojalá, sinceramente, sea admirable versatilidad y no mera pose, pero la suspicacia siempre se ha contado en mi lista de virtudes.

Y por último,
The hand, de Wong Kar Wai: este director taiwanés, al que algunos han calificado de nuevo romántico, y respecto al cual confieso mi sincerísima admiración, nos habla del amor como sólo él sabe hacerlo. Así, una vez más, el poder destructivo del amor descarnado llevado a la sublimación absoluta queda reflejado en esta historia en la que un joven sastre queda encargado de confeccionar los trajes de una prostituta, de la que se enamora irremisiblemente. Sin duda, la mejor historia de las tres; es tan interesante su línea narrativa y argumental, y tan bellísima la forma que tiene de transmitirnos su particular visión del amor humano, que uno disculpa el hecho de que, ciertamente, la historia no aporte demasiado a su filmografía. Simplemente, es algo que no hace falta. Siguiendo el estilo y la temática de
Days of being wild,
Happy together o
2046, Wai nos conmueve con la historia más humana y más turbadora de las tres, en la que los protagonistas, como sucede en la mayoría de sus películas, nos resultan extrañamente cercanos.
En conclusión, una película muy desigual, con altibajos de montaña rusa, que se salva en gran medida por el referido último mediometraje y por la belleza de algún fragmento de su banda sonora, con mención especial para la modulante canción de Caetano Veloso —llamada precisamente “Michelangelo Antonioni”— que acompaña los
intermezzi pictóricos entre las historias. Deplorable, sin embargo, el ejercicio narrativo del gran maestro Antonioni; sólo por su frase “¿cómo puedes llenar el aire con esas palabras vacías?”, ejemplo grotesco de impúdica inanidad, pronunciada por uno de sus tres protagonistas, queda demostrado que el gran maestro debería abstenerse de realizar ciertos ejercicios, incluidos, y sobre todo, los narrativos.
Por: Wonka | Actuales | Comentarios (0) | Referencias (1)