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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Domingo, 06 de noviembre de 2005

Magnolia

Una película coral que marca las distancias respecto a otras de su género por lo original de su planteamiento, lo auténtico de su nudo y lo esperanzador de su desenlace, respetando la escolástica tricotomía.


Director y guión: Paul Thomas Anderson.
Intérpretes: Jeremy Blackman, Tom Cruise, Melinda Dillon, Philip Baker Hall, Philip Seymour Hoffman, Ricky Jay, William H. Macy, Alfred Molina, Juliane Moore, John C. Reilly, Jason Robards, Melora Walters.
Música: Jon Brion, Aimee Mann, Fiona Apple y otros.
Género: Drama. EE UU. 1999.
Puntuación:

Magnolia, o esto no puede ser fruto del aza(ha)r
Lejos de tratarse de esas películas en la que los protagonistas empiezan a cantar y a bailar cuando menos se lo espera el espectador, provocando en él, bien goce estético, bien terrible vergüenza ajena, las películas de género coral son aquéllas, como es sabido, en las que se entrecruzan historias, personajes cuyas vidas aparentemente independientes tejen más o menos intrincados tapices narrativos. Se dice que fue Robert Altman quien tuvo a bien inaugurar tal novedoso género con Short cuts (Vidas cruzadas) —que le valdría la candidatura al Oscar como mejor director en el 94—. Me confieso adicto al género coral a grandes rasgos y, con mayor o menor intensidad, he disfrutado de Gosford Park, American Beauty, la referida Short cuts o algún intento a la española, como el Tiovivo c.1950 de José Luis Garci.

En la mayoría de las ocasiones, estas películas se sitúan en la línea de ese nihilismo tan clásicamente postmoderno —valga la aporía—, dejando apenas resquicios a la esperanza, y abriendo de par en par las puertas de la desolación y de la náusea vital. Sin embargo, entre tanto miasma existencial, me topé hará ya unos seis años con Magnolia, una película de Paul Thomas Anderson, que nos introduce de forma poco sutil pero igualmente efectiva, en las vidas de siete personajes llevados al límite: un anciano a punto de morir y su enfermero —magníficamente interpretado por el eterno secundario Philip Seymour Hoffman—; una mujer desesperada que necesita librarse del terrible peso de la culpa no expiada; un antiguo niño prodigio, con problemas de autoestima e identidad; una joven que vende su dignidad a cambio de unos gramos de coca; un presentador de televisión de dudosa trayectoria moral al que le acaban de diagnosticar un tumor óseo; un niño prodigio extorsionado por su propio padre; y, para redondear, el personaje que quizá más desentone con el resto, el policía redentor interpretado por John C. Reilly.

No parece un panorama demasiado alentador, ciertamente. Sin embargo, la intención de Anderson y la pregunta que se y nos formula es clara desde el primer momento, desde el comienzo del metraje, con ese originalísimo arranque en forma de tres historias cómicamente trágicas: ¿existe realmente el azar? ¿es todo fruto de la mera casualidad? Aunque el director no coacciona al espectador, resulta patente que él, al menos, no lo cree así. A lo largo de la película vamos observando, si es que aguantamos la terrible tensión sin saltar del sofá y tirarle el bol de palomitas o sucedáneos al prójimo —ojo a la espectacular secuencia de la lluvia anfibia—, cómo las vidas de estos personajes van confluyendo e intercalándose. Personajes que, por cierto, tienen mucho de personas, ¿o hay alguien que no se haya visto más o menos reflejado en los siete protagonistas y los otros tantos secundarios, en sus caleidoscópicos vicios, virtudes o pasiones?

No podemos obviar las excelentes interpretaciones de todos los actores —aunque nos tengamos que aguantar las ganas de abofetear a Julianne Moore como a la pasajera de Aterriza como puedas, tal es su histrionismo—; la sorprendente forma de mantener la tensión de las tres horas largas de metraje, con apenas algún que otro bajoncillo; la música que acompasa el ritmo in crescendo de la trama —candidata al Oscar a la mejor canción original por "Save me”, de Aimee Mann—; o incluso los inverosímiles movimientos de cámara que añaden a la película vitalidad y dramatismo a partes iguales.

No podemos obviarlos, pero si tuviera que destacar algo, sería precisamente aquello a lo que me refería párrafos atrás: uno termina de ver la película y, sin necesidad de los ridículos happy ends watldisneyanos, constata que no todo en esta vida es miseria y podredumbre y que, si bien ésta existe, somos condicionadamente libres para escoger nuestro propio camino.

Por: Wonka | De hace unos años | Comentarios (7) | Referencias (0)

Comentarios

No he visto la película comentada, aunque leer la reseña me ha animado a verla. Sólo decir que el comentario me parece genial: no sé si, al haber puesto tan alto el listón, la película me defraudará. Ya os contaré...

Lola | 07-11-2005 16:53:54

Soberbia película, sus tres horas se hacen cortas. A destacar de entre las geniales interpretaciones, la de Tom Cruise y John C. Reilly. Y de lo mejorcito, "Save me", la canción de los títulos de créditos finales, nominada al Oscar, de Aimee Mann. Qué gustazo.

Santiago Pozo | 07-11-2005 21:14:15

Pues no la he visto, pero la pondré en mi lista de cosas pendientes
besos

lanamberguan | 08-11-2005 09:22:22

Muy lúcida la crítica. Yo fui a ver la película y recuerdo que me impresionó tanto que salí del cine cuestionándome unas cuantas cosas.
La canción de los créditos finales, puro gozo para los oídos...

Confieso que al leerte, me han entrado ganas de volver a verla.

Luisa | 12-11-2005 21:54:22

Excelente crítica y excelente película, con los personajes muy definidos a pesar de ser coral.
Lo de la lluvia de ranas, aún no le he cogido el simbolismo...

Cuak! | 16-11-2005 14:20:45

Personalmente, no creo que lo de la lluvia de ranas tenga por qué ser simbólico. Simplemente es el punto culmen de una tensión acumulada durante toda la película, en la que además, no sé si te has fijado, se hacen continuas alusiones expresas al estado de la nubosidad. No sé, no es más que una opinión...

Ángel | 16-11-2005 17:25:33

La película será recordada siempre (al menos para mí) por la gran actuación de la actriz Melora Walters (gran desconocida en España). Transmite una gran intensidad. Por desgracia creo que es una pelicula no apta para todo tipo de paladares, aún recuerdo las palabras de mi madre comentándome que era una película insufrible y que qué había hecho recomendándosela.

Manuel | 18-11-2005 11:27:03

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