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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Sábado, 21 de enero de 2006

El camino a casa

Con una delicadeza y un detallismo muy cuidados, el director Zhang Yimou nos cuenta una verdadera historia de amor, repleta de lirismo y de una emotividad sorprendente.


T.o.: Wo de fu qin mu qin
Director: Zhang Yimou.
Guión: Bao Shi (basado en su novela Remembrance).
Intérpretes: Zhang Ziyi, Sun Honglei, Zheng Hao, Zhao Yuelin.
Música: Bao San.
Género: Drama/Amor. China. 1999.
Puntuación:

Sinopsis
Un moderno ejecutivo chino vuelve al pueblo de sus padres para preparar el funeral de su padre, un viejo maestro de escuela rural. Su madre se empeña en hacer el funeral al modo tradicional: con una procesión por el camino que recorría el difunto a diario. Ese camino llevará al recuerdo del complicado y bello romance que vivieron sus padres.

El delicado y difícil juego del amor
Cuando uno termina de ver una maravilla como ésta, sólo puede quitarse el sombrero mientras se seca disimuladamente las lágrimas que caen a chorros por las mejillas. Tal vez por eso, escribir sobre ella resulte tan difícil, pero tan inevitable, aunque lo que se diga no dejen de ser una serie de halagos.

Puedo decir –y creo que no me equivoco al decirlo- que no he visto en la pantalla una historia de amor contada con mayor delicadeza, una historia de amor más bella, una historia de amor tan sorprendentemente catártica. Porque a eso, precisamente, nos somete Zhang Yimou: a una profunda catarsis, en la que salimos renovados por una simple palabra expresada en imágenes: amor.

Sé que debería hablar de la genialidad del uso del blanco y negro para el mundo actual –oscuro y frío- y el color (¡qué colorido!) para el de los recuerdos, curiosamente. Sé que debería hablar del maravilloso final en el que, casi con la misma voz, el hijo del viejo maestro recita las palabras de éste a los pequeños alumnos y de la emotiva procesión. Sé que debería hablar de todo eso, pero no puedo dejar de centrarme en ese mundo lleno de color que Zhang Yimou nos describe para contarnos la historia de amor entre la joven Di y el nuevo maestro.

Ya desde el primer momento nos encontramos con una joven enamorada (una preciosa y jovencísima Zhang Ziyi), pero vemos cómo la historia respeta pausadamente el complicado juego del amor, con sus dulces y difíciles pasos y escalones. Las miradas, las sonrisas, las artimañas para ver y oír al amado, los silencios... Porque esta película es una película llena de silencios. Silencios armoniosos plagados de colores.

Y es que los colores son una parte esencial de la película. El rojo es el centro de todos ellos. Un rojo vivo, un rojo refulgente: el rojo de los corazones que aman. Y aquí los paisajes tienen mucho que ver, desde los campos primaverales cubiertos de flores hasta los blancos prados vestidos de nieve. Y su importancia no es sólo estética, sino también anímica.

El camino a casa es el camino del amor, es el camino por el que se van y se marchan las cosas que más queremos, es el camino de vuelta a las tradiciones, es el camino de vuelta a uno mismo.

La emotividad tan profundamente contenida y derramada en esta película nos habla de un mundo que se acerca desde oriente con ideas renovadas, con una fuerza que ya quisieran muchos cineastas y contadores de historias para sí. De oriente también hay cosas que aprender.

La música: tres nuevos temas para Radio Cine
La música, a cargo del compositor chino Bao San, colaborador de Zhang Yimou otras veces, se convierte en un perfecto acompañamiento para las imágenes. Si bien es cierto que los acordes de su tema principal nos recuerdan excesivamente a lo que James Horner compuso para Braveheart pero con tonos orientales, no podemos negarle la belleza y el refinamiento tan delicado del que hace gala el compositor chino.

De esta forma, se convierte en indispensable para las imágenes, y resalta la emotividad de toda la película y de los momentos más decisivos. Uno de esos momentos es aquél en el que la pequeña Di cae al suelo con su cuenco de comida, escena tan dolorosa. Dejo ese tema en Radio Cine: "Broken bowl".

También dejo un tema importante y que suena cuando ese cuenco roto anteriormente es reparado con lañas, como si se tratase del roto corazón de Di, que también será sanado con las delicias del amor... Todo a su tiempo. El tema se llama "Art craft".

Y, por último, dejo el tema que suena al final de la película: "The Road Home". En ese momento en el que si no sentimos humedad en los ojos hay que pensar que estamos muertos. En ese momento en el que uno sólo puede quitarse el sombrero mientras se seca disimuladamente las lágrimas que caen a chorros por las mejillas.

Por: Francis | De hace unos años | Comentarios (4) | Referencias (0)

Comentarios

No es casual que al comienzo de la película, en una de las estancias en las que se desarrolla la acción esté colgado en la pared un póster de "Titanic", como paradigma de las bazofiosas historias de amor que hoy en día se hacen en el cine occidental, que no son sino historias de pasión.

En Zhang Yimou, hay muchos tesoros que descubrir, como bien dice Francis. Yo aprovecho para resaltar su interés por las tradiciones, que muestra con la cámara, sin palabras: a través del color en el pasado y a través de la morosidad en el reflejo de las costumbres populares. Es llamativa a ese respecto la escena en la que el afilador o lo que sea arregla el cuenco con las lañas: la cámara se recrea en cada movimiento, en cada paso del proceso. El prolongado entierro es otra muestra.

La vi hace tiempo, pero me parece recordar que no tiene ni un beso ni un abrazo, ¿verdad? Qué curioso, una historia de amor sin besos ni abrazos. Igualito que "Titanic".

Hermano de Francis | 22-01-2006 17:02:44

Guardo muy buenos recuerdos de esa película, y coincido con Francis y con su hermano.
A mí, sin embargo, hermano de Francis, siempre me gusta que las historias amorosas, sobre todo cuando el amor triunfa positivamente, culminen con un gesto. Ese gesto, aunque común, puede ser un beso. un beso bien puesto, por favor, es un toque de emoción.

Guillermo | 22-01-2006 18:35:14

Hombre, claro, donde esté un buen beso... Simplemente llamaba la atención sobre el hecho.

Hermano de Francis | 23-01-2006 12:53:03

Esta pelicula es de las mias. Que raro que nunca haya escuchado hablar de ella. Gracias por ayudarme a descubrirla!

Laraima | 29-01-2006 16:02:30

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