Domingo, 22 de enero de 2006

Colaboración especial de Virginia Cortina para el blog Cine 100%, en la que reseña un thriller judicial del siempre sorprendente Billy Wilder.
T.o.: Witness for the prosecution.
Director:
Billy Wilder.
Guión: Larry Marcus, Billy Wilder y Harry Curnitz (basado en la novela de Agatha Christie).
Intérpretes: Tyrone Power, Marlene Dietrich, Charles Laughton, Elsa Lanchester.
Música: Matty Malneck.
Género: Thriller judicial. EE UU. 1957.
Puntuación:
El rostro y la voz detrás de un juicio
Testigo de cargo es un thriller judicial en el que un hombre, Leonard Stephen Vole, es acusado de matar a una solterona con la que poco antes había establecido relación. Su abogado, Sir Wilfrid Robarts, un hombre prodigio y simpático de las leyes, se entrega completamente a su defensa, incluso a riesgo de su propia salud, basándose en el testimonio de Christine Helm Vole, esposa del acusado. La sorpresa llega cuando la acusación llama a declarar a Helm Vole y ésta cambia totalmente su testimonio. A partir de entonces, el caso se convierte en una complicada trama que sólo presenta salida cuando una misteriosa mujer les entrega unas pruebas nuevas que harán que la solución se precipite.
Este thriller, parco en escenarios y vestuario con el propósito de enfatizar el brillante diálogo, destaca por sus grandes interpretaciones dirigidas por Billy Wilder. Muy importante es la interpretación de Dietrich, cuyo personaje se convierte en el centro de la trama, llevándola a su antojo, haciendo que dependa plenamente de las decisiones que la mujer toma a cada momento. Caprichosa
femme fatale, su porte y su voz serán los que guíen los sentimientos y la razón del espectador.
Wilfrid, en cambio, se presenta como un luchador incansable, casi inhumano, que busca ante todo la victoria de la verdad y la justicia. Junto a él, hay que mencionar la más que convincente interpretación de Elsa Lanchester, su eterna enfermera, que representa en realidad, junto con la enfermedad, toda la humanidad del singular abogado: sus debilidades y fortalezas. Inseparables, siempre pendiente de la salud y las condiciones en las que se encuentra su jefe, es la que mejor sabe leer en el corazón y la mente de éste.

Por su parte, Wilder no pierde un ápice de genialidad a la hora de narrar esta historia. Con brillantes diálogos a los que acompaña la cámara a la perfección, tampoco se echa en falta su característico humor y presenta, muy sutilmente, situaciones que, si bien no distraen de la trama principal, sí arrancan una sonrisa en el espectador.
En esta película, el mensaje presenta dos líneas muy distintas, pero que, como se verá tras el sorprendente final, van parejas y juegan la una con la otra a la hora de solucionar el argumento. La primera se ve representada en la figura del abogado: una infinita búsqueda de la verdad y deseo de justicia, que le lleva incluso a defender aquello que él antes había condenado. La segunda, la más evidente: el amor. El espectador puede observar cómo Christie, de la mano de Wilder, personifica distintos amores con los que retrata a la perfección la naturaleza humana: el amor desinteresado, la pasión casi animal, el
amor interesado…. Incluso la traición.
Con esta película, Wilder no sólo lleva al espectador a plantearse qué haría en las situaciones planteadas. Con una genial sutileza y un impresionante cuidado en los detalles y los diálogos, hace un retrato de la naturaleza humana, tanto dialéctica como visualmente. Además, capta de forma irreversible la atención del espectador, el cual reirá, llorará y se desesperará al identificarse con cada uno de los personajes.
Por: Francis | Clásicas | Comentarios (2) | Referencias (0)