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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Miércoles, 22 de febrero de 2006

El cuarto mandamiento

Un año después de firmar la sorprendente Ciudadano Kane, Welles volvía de la mano de la RKO con una historia de sacrificio paternal, maduración personal y amores cruzados. Una película para ver más de una vez.


T.o.: The magnificent Ambersons.
Director y guionista: Orson Welles (basado en la novela de Booth Tarkington).
Intérpretes: Joseph Cotten, Anne Baxter, Tim Holt, Dolores Costello, Agnes Moorehead.
Música: Bernard Herrmann y Roy Webb.
Género: Drama. EE UU. 1942.

El cuarto mandamiento: honrarás a tu padre y a tu madre
No sé muy bien el porqué de la traducción del título de la película. El título original, The magnificent Ambersons, viene a significar algo así como “El esplendor de los Amberson”. Supongo que tal vez el libro se tradujo antes con el título que ahora queda. No lo sé. En cualquier caso, el que realizó la traducción, si bien no respetó mucho el original, parecía tener una buena capacidad de análisis en profundidad. Y es que mucho tiene que ver ese “cuarto mandamiento” con la película de Welles.

Ese cuarto mandamiento habla, precisamente, de honrar a padre y madre y, por extensión, a los que están por encima de uno mismo, ya sea en edad o autoridad. Y la película nos cuenta la historia de George Minafer-Amberson, sucesor de una saga familiar de gran cuna, pero que se verá condenada a la decadencia. George no admite autoridad, George no honra siquiera a sus padres: George vive sólo para sí mismo. Además, Orson Welles (con ayuda de la novela de Booth Tarkington) nos cuenta el sacrificio de la madre de George y el padre de Lucy, amiga de aquél, que renunciarán a su amor por George.

Con un ritmo más calmado que en la deslumbrante Ciudadano Kane, Welles nos lleva de la mano por los entresijos de esa gran familia condenada a la frustración. Poco a poco irá pasando el tiempo ante nuestros ojos, aunque casi sin que nos demos cuenta. Y poco a poco, aquéllos que deseaban ver a George Minafer-Amberson derrotado por la vida, irán pasando. Y como bien dice el narrador (la potente y radiofónica voz de Orson Welles), “los que habían deseado que esto llegase, no estaban allí para verlo; y a los que quedaban, ya no les importaba George Minafer”. Demoledor.

Welles sigue jugando con los elementos que tanto le gustan, sobre todo los claroscuros y contraluces, aunque es cierto que mantiene una cámara menos inquieta que en su anterior película. “Más natural” la han llamado algunos a esta película, y “muy artificial” a la primera. Psé, una opinión con la que no termino de estar de acuerdo.

Los personajes siguen siendo controvertidos, especialmente el del repelente George. Joseph Cotten hace un papel exquisito como fabricante de coches Morgan, un papel alejado del que un año antes hiciera en la ya mencionada película del director. Anne Baxter hace un buen trabajo en la que sería una de sus primeras películas, mientras que la veterana Dolores Costello haría su penúltima película con mucha sobriedad. Todos ellos contribuyeron (sin olvidarnos del desesperante y magnífico trabajo de Agnes Moorehead, descubierta por Welles en su anterior y primera película) a construir un buen lienzo acerca del egoísmo, el amor paternal, el paso del tiempo y la decadencia.

Todo un lujo.

Por: Francis | Clásicas | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

Queridos amigos, ya era hora de que esta joya estuviera en esta página. Quizá sea la película que más me ha impactado por su contenido: se crece por el dolor. Impresionante e imprescindible más que nunca en estos tiempos en que se corre el peligro de crecer mal criado y viviendo una niñez que no tiene límites en el tiempo.

Indiana | 27-02-2006 21:33:59

Yo soy de los que considera que esta segunda película de Orson Welles es más "natural" que Ciudadano Kane en lo que se refiere a la dirección. En Ciudadano se le nota la novedad ante el medio, el ansia de hacer de cada plano una obra de arte, de impresionar. Está reconocido por el mismo Welles.

Sin embargo, me gusta más Ciudadano. Me parece una historia más universal. En El cuarto mandamiento vuelve a escoger un personaje destructivo que ansiando el amor, en este caso de su madre, la fagocita a ella, a los que le rodean, e incluso a sí mismo.

Desde el punto de vista técnico, imposible obviar el travelling de cámara en la fábrica de coches. De antología.

Hermano de Francis | 01-03-2006 01:33:18

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