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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Jueves, 02 de marzo de 2006

Mogambo

Continuando el intento de conocer mejor a Ford, quién sabe si incluso logrando entrar en la elitista clase de los fordianos, me enfrento esta vez a Mogambo, película atípica en la filmografía de Ford.


Director: John Ford.
Guión: John Lee Muhin (basado en la obra de teatro de Wilson Collison).
Intépretes: Clark Gable, Ava Gardner, Grace Kelly.
Género: Drama romántico. EE UU. 1953.

Sinopsis
Victor Marswell (Clark Gable) es un hombre solitario que trabaja en África como guía de safaris y como cazador, capturando animales para vender a zoos, circos o particulares. La llegada de la hermosa Eloise Kelly (Ava Gardner) parece derrumbar los muros de su misantropía, aunque el torbellino de emociones se verá convulsionado cuando llega al campamento el joven matrimonio Nordley. La ingenua y fría Linda Nordley (Grace Kelly) hará que el maduro y solitario cazador sufra una crisis vital.

Comentario
Continuando el intento de conocer mejor a Ford, quién sabe si incluso logrando entrar en la elitista clase de los fordianos, me enfrento esta vez a Mogambo, película atípica en la filmografía de Ford. Atipiquísima, si cabe la expresión para subrayar su carácter singular. Resulta increíble pensar que tan sólo un año antes hubiera estrenado El hombre tranquilo.

Mogambo es una película en Technicolor de encargo. Ford acababa de liquidar la Argosy Pictures, productora que había montado unos años antes con Merian C.Cooper (sí, el director de la primigenia King Kong), y se ve que no estaba para grandes fiestas de cine de autor. El resultado es esta historia de amor ambientada en África, con un reparto de estrellas (Grace Kelly no era tal en el momento, pero fue su consagración) en buena parte impuestas.

Él quería a su adorada Maureen O’Hara en el papel que el estudio impuso para Ava Gardner. Ford trató a ésta con frialdad durante un buen tiempo, y sólo con el rodaje avanzado supo mostrarle su admiración. El carácter de película de estudio resalta incluso en la duración, poco más de 111 minutos, arquetípica cifra fruto de los tijeretazos de los productores de la época.

Se nota la mano de Ford en los momentos más humanos, en todo lo que tiene que ver con el desarrollo de las relaciones entre personajes y chirría en todo lo que tiene que ver con la historia de cazadores y animales salvajes. De hecho, parece que le importase muy poco la historia de safaris y, a nivel técnico, que detrás de esas imágenes abruptas en formato cine documental no estuviera la dirección del maestro, que hizo lo posible por acortar lo posible la estancia en el continente negro y evitó rodar personalmente las escenas con animales.

Mogambo significó una enorme recaudación y un respiro profesional para Ford. A pesar de su carácter de blockbuster, la película deja numerosos detalles para la galería: las relaciones entre los tres personajes que integran el triángulo amoroso se desarrollan con una suavidad poco habitual en Ford, con un sensual romanticismo que resultaría rompedor en él si no fuese porque poco antes ya había demostrado su valía al respecto en El hombre tranquilo; el personaje y la actuación de Ava Gardner es sensacional, derrochando una picardía sensual con un tono de humor que sostienen la historia con una fuerza sólo comparable a la de Gable, irresistible en su papel de huraño galán; la fotografía en color es excepcional, salvando las tomas de animales en la selva, de tipo documental; el encuadre y el montaje fordianos están presentes...

Resulta chusco decirlo, pero sin Ford y el trío de protagonistas (¿y sin cámaras? ¿y sin fotografía? ¿y sin nada? Ustedes me entenderán), esta historia habría ido a parar a la senda ancha de la perdición. Con ellos, merece la pena perderse en ella, dejarse conquistar por la coquetería de la Gardner, la rubia candidez de la Kelly, la ceja terrible de Gable –ya peinando canas- y, por supuesto, el ojo de John Ford, sustituyendo esta vez Monument Valley por la selva africana. Si la ven como si no fuese del maestro, sabrán disfrutarla.

Encima, tiene final feliz. O a mí me lo parece.

Por: Hermano de Francis | Clásicas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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