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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Jueves, 11 de mayo de 2006

M (el vampiro de Düsseldorf)

No me atrevería a decir que M es la mejor película de Fritz Lang, por la sencilla razón de que no he visto todo el cine del director alemán. Desde luego, si no lo es, sí hablamos de una de las grandes películas de los orígenes del cine, que se adelanta en una década a la fecha oficial de creación del noir y posee hallazgos erróneamente atribuidos a otros.


T.o.: M (M. Mörder unter uns - M. Asesino entre nosotros)
Director: Fritz Lang.
Guión: Thea von Harbou y Fritz Lang
Intérpretes: Peter Lorre, Otto Wernicke, Theodor Loos, Gustaf Gründgens, Georg John.
Alemania. 1931

La película comienza con un silencio estremecedor, seguido de la cantinela de unos niños en el patio de su casa, contando y cantando la amenaza de la llegada de un coco (Lo de Pesadilla en Elm Street… lo llamarán homenaje, me imagino). A continuación un movimiento de cámara, la creación de un ambiente irrespirable, de suspense, oscuro, tenso… y el cumplimiento de la amenaza, previa proyección de la sombra del coco en un aviso de recompensa. Y desde ese momento, sólo cabe tragar saliva.

Se puede decir sin miedo que M es una obra maestra de las principalísimas, un enorme hito en la historia del cine. Lo que para algunos son hallazgos de Welles en Kane, por ejemplo, ya están aquí, incluyendo un travelling con cámara atravesando el cristal. Es cine de acción y suspense, pero a lo europeo, artistizado. Lang toma la figura de un brutal asesino en serie cuyo caso es contemporáneo al rodaje y estreno de la película, y lo suaviza para construir una película muy oscura con acción, humor negro, psicología y crítica a la sociedad de su tiempo.

Peter Kürten, el monstruo de Düsseldorf, convertido en Hans Beckert en la película, fue guillotinado exactamente dos meses después del estreno de la película. Un asesino en serie lleno de traumas sexuales de infancia que explican su sadismo y brutalidad. Una psicología convulsa que Lang aprovecha en una historia dura llena de elipsis y sugerencias y Peter Lorre recrea en un papel memorable.

Ver M una vez más es volverse a sorprender del uso de la cámara de Lang, con movimientos vertiginosos para la época en la que se producen. Es volverse a sorprender de su creación de personajes que lleva a cabo junto a su esposa Thea von Harbou: el dicho Beckert, el grandioso inspector Lohmann (precursor de los cinematográficos Marlowe o Spade y personaje luego retomado en la profética El testamento del Dr.Mabuse, última película de Lang antes de largarse a EEUU), el ‘padrino’ Schraenker (cómo no recordar a don Vito reuniéndose con los jefes de las diferentes familias cuarenta años después)… M es también la maravilla del montaje, valiente y certero: creando tensión en el caso de la madre que aguarda la llegada de su hija mientras vemos los pasos del asesino, narrando una situación en una conversación telefónica sobre imágenes, incluyendo modernos planos subjetivos o confrontando las dos ‘justicias’ –la del Estado y la de las mafias.


Sorprende el uso ingenioso de los detalles como elementos dramáticos de primer orden: el globo de la niña, enredado en los cables de alta tensión, o el balón que rueda desde un arbusto; la tonadilla del ‘Peer Gynt’ de Grieg que pone los pelos de punta como la sonrisa de un payaso en un desván oscuro y polvoriento; la ‘M’ de tiza,… En esa manera de narrar se aprecia una narrativa más madura, introduciendo incluso detalles que si bien no añaden nada al argumento, aportan un toque de humor o de realismo.

Brillantes momentos de humor son la redada en el burdel, la secuencia en el cuartel general de los mendigos de la ciudad, el interrogatorio a un detenido, cualquiera de las escenas en las que aparece Lohmann, la discusión de los dos jugadores… Llama la atención la capacidad de M para huir de las etiquetas, mezclando humor con una historia terrible, haciendo comprender que Beckert no es sin más un asesino despiadado o mostrando el aspecto más bondadoso de los miembros del gremio de los delincuentes.

Deudores del expresionismo alemán son los grandes cineastas que comenzaron a brillar en la década de los 30. En los 39 escalones de Hitchcock es patente, también en Welles. Apuntar que Ford debió absorber esta película antes de realizar El Delator (1935); también en ésta tenemos un protagonista atormentado ante su fechoría, psicológicamente torturado; también en ella hay un juicio ‘popular’ (confróntese los planos en la escalera del juicio en la de Ford y los de la escalera en el burdel de M); y ¡sorpresa! en ambas es un ciego el que finalmente pone luz sobre el caso.

Si bien Lang es uno de los artistas que con más claridad alerta del peligro nazi, en esta película la denuncia es más sibilina que en la posterior protagonizada por Mabuse, dedicándose a reflejar la degradación social en la cual cabe la aparición de un ‘mesías’ prometiendo orden y firmeza ante la delincuencia. No en vano las juventudes nazis se dedicaban a la creación del caos callejero (violencia al servicio de una revolución: empieza por… ¿V?).

Enormemente expresiva es la situación de histeria que se genera tras la primera muerte que conocemos, en un ambiente en el que cualquier sospecha o acusación más o menos fundada puede llevar al atropello de las libertades individuales. Enormemente expresiva es la aparición de una justicia al margen de la legalidad vigente para acabar con un problema con el que los cuerpos de seguridad del Estado son incapaces de terminar

Por: Hermano de Francis | Clásicas | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Semi-mítica cinta, dotada de una realización casi perfecta. Aquí fue descubierto Fritz Lang para el cine mundial. El clímax y ambientación de la película es de gran realismo y ensoñación. La interpretación de Peter Lorre (otra figura aquí descubierta mundialmente) ha pasado a la historia del cine para siempre jamás. La puesta de escena, de gran belleza y poder de fascinación, así como terrorífica. Obligada su visión, aunque puede ser que haya quedado un poquito viejecita en algunos aspectos. Pero todavía conserva su aroma de buen cine.

Iñaki Bilbao | 12-05-2006 14:53:40

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