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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Lunes, 29 de mayo de 2006

Cine y moral

¿Es la moral un corsé, un código arbitrario que coarta la expresión artística, el cine? ¿O es el resultado de una reflexión profunda y honesta sobre el hombre que lleva a conclusiones acerca de su propia esencia? ¿Es un molde impuesto o un atajo liberador hacia la comprensión de lo que somos? Y lo más interesante: ¿tiene sentido vincular ambos términos?


No es nada habitual en el cine actual encontrar este binomio unido, si bien es cierto que “moral” no es un compañero de viaje cómodo para ningún otro concepto hoy en día. Puestos a hablar de formas de entender el mundo de acuerdo a un criterio de valores, se prefiere utilizar el término políticamente correcto “ética” (esto me recuerda a Muerte entre las flores…).

Hoy, el artista, ese “pequeño dios”, como decía Huidobro, no soporta que entidad superior -llámese Dios, Naturaleza o X- le marque pautas de conducta. Realmente no es algo sólo propio del artista, ya que éstos son portavoces y reflejo del tiempo que les toca vivir. Por otro lado, a esto se suma la defensa desde hace siglo y pico del arte por el arte, como una moral autónoma, el esteticismo, la técnica como elemento definitorio de la calidad artística. Y así va la cosa, por cierto.

Así que, aunque hablar de esto suene a sermón, a penitenciario, a rancio… va siendo llegada la hora en que urge reflexionar sobre la cuestión: ¿qué es la moral? ¿Tiene algún sentido relacionarla con el cine?

Para una enormidad de occidentales la moral es un molde que encorseta, una receta que se aplica a posteriori y coarta la expresión artística. Lo es para quienes pretenden desterrarla lejos, lejísimos del mundo del arte, condenándose a ofrecer una visión coja del ser humano. Una pléyade de miembros del mundo del cine que reprimen –esa es la palabra, y qué acertada para aplicarla a quienes se creen más libres buscando una inalcanzable amoralidad-, que reprimen, digo, la parte trascendente que el hombre posee.

Pero lo más triste de esto, es que la moral como corsé no es algo ajeno a quienes más acuden a ella. Por desgracia, no es inusual que a veces éstos se enfrenten -nos enfrentemos- a las manifestaciones artísticas, en este caso el cine, con un prejuicio monolítico -que pervertimos al llamarlo ‘moral’-, tratando de encajar lo que ven con esa mentalidad preconcebida y negándose a entablar un fecundo diálogo que le lleve a reflexionar sobre la parte de verdad acerca del ser humano y del mundo que pueda haber en esa película.

¿A qué me refiero? En el seno del mundo cristiano, al menos el del catolicismo en España, se encuentra uno ciertas miradas críticas que calificaría de puritanas. Miradas que se conforman con etiquetas para juzgar una película, juicios críticos utilitaristas que parecen muy lejos de entender lo que es el arte –ni el mundo, qué carajo-, almas puras cuya preocupación parece ser que el cine no muestre modelos de conducta inmorales, al modo de las mujeres de la Liga de la Ley y el Orden de La diligencia.

Y eso capa el genio creador. Que es en definitiva atarse las manos para conocer la verdad del hombre.

La moral ha de ser liberadora, al menos la moral verdadera, porque ésta no es ni más ni menos que una conclusión acerca de lo que el hombre es y el camino que debe seguir para realizarse, para no truncarse. Obviamente la apuesta es compleja, ya que a quienes hacen pesados como losas los códigos éticos se oponen quienes defienden bobaliconamente que todo lo natural –lo que sale del hombre- es válido, como si el hombre no tuviera un pecado de origen, una fuerza misteriosa que le hace que a veces haga lo que no quiere, algo que como decía Chesterton es “un hecho tan evidente como las papas”.

A quienes temen la presencia de lo inmoral en el cine: en un mundo como el nuestro, donde hay tanta degradación, se hace necesario afrontar esas situaciones tan duras, tan crudas, para redimirlas. Claro que también existe la posibilidad y la necesidad de ofrecer modelos de conducta morales, éticos, personas ejemplares cuya vida sea un estímulo hacia el bien. Pero mucho cuidado con el edulcoramiento y las moralinas. A algunos, en cualquier caso, les haría mucho bien un repaso de la Biblia.

Al hombre de hoy, herido en lo más hondo, sin resortes morales, sin recursos trascendentes, que reprime su ser espiritual… hay que ofrecerle redención, y hay que ofrecérsela en su lenguaje. Hay que hablarle de la realidad, no de lo que nos gustaría que fuese la realidad.

Por: Hermano de Francis | Rizando el rizo | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Con gusto escribiré algo. En cuanto tenga un momento. Pero el tema, eso sí, se plantea actual e interesante.

Guillermo | 30-05-2006 18:54:20

"La moral ha de ser liberadora, al menos la moral verdadera, porque ésta no es ni más ni menos que una conclusión acerca de lo que el hombre es y el camino que debe seguir para realizarse, para no truncarse". Amén.

Tomas una posición no sólo correcta desde mi punto de vista, sino, en mi opinión, objetivamente acertada. La moral, a mi juicio, tiene mucho que ver con la expresión de esas leyes naturales que por naturaleza llevamos en nuestro interior. Y uno puede seguirlas o rechazarlas, porque, no lo olvidemos, somos libres. Pero en el fondo siempre están ahí.

A partir de estas premisas, creo que exigir una moral en el ámbito cinematográfico es muy distinto de argumentar febrilmente, de proponer taxativas normas que en numerosos casos llegan hasta el aburdo. Se trata de hacer ver asuntos, valores, nociones, que albergamos dentro. Y para ello nada mejor que procurar quitarse la ponzoña que ciega. ¿Cómo? Principalmente, tomando una actitud de apertura, de apertura plena y, sobre todo, humilde. Si se me permite hacer un breve y tajante análisis personal de la situación en nuestro país, diré que la idea de moral para muchos individuos del mundo del cine es sinónimo de antigualla y limitación. Y nada más lejos de la realidad. Porque la moral aparece tras observarnos de manera diáfana y sin tapujos, cuando estamos dispuestos a seguir el resultado de ese atisbo tranquilo.

El problema, a fin de cuentas, reside en los prejuicios ciegos y empujados por el auto-engaño que una aceptada tentación o unas ansias por querer ser más autónomo proporcionan.

Guillermo | 30-05-2006 21:05:57

Tampoco estaría de más ir haciéndose a la idea de que libertad y prudencia no tienen por qué ser conceptos incompatibles. Nos ahorraríamos muchas de esas críticas y reseñas moralistas tan sintomáticas de la desconfianza en la inteligencia del prójimo.

¿Educación preventiva? Debe de resultar muy cómoda al educador, pero no, gracias.

Wonka | 31-05-2006 00:09:27

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