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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

Martes, 04 de julio de 2006

El asesinato de Richard Nixon

Quizá para hacer más llevadera la llegada de los blockbusters veraniegos, la extraña lógica de los distribuidores de este país ha permitido el estreno entre nosotros de un filme de 2004, la opera prima de Niels Mueller, tras cuyo contundente título se esconde una intensa y enojosa introspección en los demonios que habitan en ese rincón de la pulsión humana ubicados, según Goethe a distancia equidistante entre la razón y los sentimientos.


T.o.: The Assessination of Richard Nixon.
Director: Niels Mueller
Guión: Niels Mueller y Kevin Kennedy
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Steven M. Stern
Intérpretes: Sean Penn, Naomi Watts, Don Chadle, Jack Thompson, Nick Searcy, Michael Wilcott.
Género: Drama. EEUU. 2004
Duración: 94 minutos


Vaya por delante que la interpretación de Sean Penn en la presente película me desencajó. Cuando se le permite dar rienda suelta a su vertiente histriónica, su actuación es tan memorable como muchas de las suyas. Pero en los momentos de contención –y en esta película hay muchas-, el actor está, en mi humilde opinión, levemente pasado. En cualquier caso, de lo que no queda duda alguna es de los motivos por los que Penn quiso hacer esta película. Todas las películas que hasta ahora ha dirigido Sean Penn tienen un nexo temático en común: sea por vía deductiva (The Pledge) o inductiva (The Crossing Guard), o bien como en el caso de su estimulante opera prima, The Indian Runner, una visión dual a partir de una historia fraternal, el hijo de Arthur Penn se empeña en hablarnos de la fragilidad del alma humana, del filo del abismo que espera al ser humano en cualquier esquina inesperada de este periplo que llamamos existencia. Sus elecciones en el campo actoral, de un tiempo a esta parte, le han llevado por senderos análogos, caso de, por ejemplo, Hurlyburly, 21 grams, Dead Man Walking o Mystic River, sin ir más lejos. Que eso le convierta en un autor comprometido es materia que dejo para otro tipo de críticas que se escapan de lo estrictamente cinematográfico. Y que contengan una carga de denuncia social es, por un lado una obviedad, y por otro, una consecuencia secundaria de la esencia argumental de esas películas.

Toda esta arenga sobre las elecciones personales de este peso pesado del star-system americano (si es que eso aún existe, y como sea que exista ahora) viene muy al caso en el momento de hablar de esta The Assassination of Richard Nixon. El filme –puesta de largo tras la cámara del realizador Nils Mueller- nos propone una introspección en los motivos de la cólera de Sam J. Bicke, un individuo de a pie que, por mor de una creciente frustración a todos los niveles –emocionales, profesionales-, reacciona contra lo que considera los desbarros, incoherencias e injusticias del tan manoseado “sueño americano”, y se le ocurre planear el asesinato del mismísimo presidente de la nación de las barras y estrellas a modo de auténtica declaración de principios (puede considerarse así, por cuanto sabe que el precio por hacerlo será su propia vida).

Ante semejante enunciado argumental –que remite a una historia real acontecida en los primeros años de la década de los setenta-, la articulación narrativa y tonal del filme admite una lectura de corte sociológico: hay referencias diversas al conflicto en Vietnam, al escándalo del Watergate, e incluso atendemos a una cínica broma relacionada con los Panteras Negras; en los actos del protagonista detectamos un nítido reverso de/una reacción visceral contra la ola de fariseísmo que en aquellos tiempos imbuía el pulso vital de la sociedad estadounidense. En mi opinión, no es baladí la elección de ese tiempo y ese lugar, pero ello no quita que el filme deje perfectamente claro que las razones de la cólera de Samuel, si bien se agravan por mor del individualismo imperante, estriban principalmente en el progresivo desvanecimiento de sus anhelos familiares y profesionales: Sam es un buen tipo, pero se va quedando cada vez más solo y se va volviendo cada vez más loco, y es en el remolino de esa espiral de enajenación cuando encuentra un sentido a tan deleznables actos. Ahí emerge un claro referente al talante del protagonista del filme: Travis Bickle, que cruzó todas las líneas de la razón y la prudencia en pos de un indefinido deber autoimpuesto de salvar a una prostituta de las fauces del oscuro mundo (hablo, claro está de Taxi Driver, una de las obras maestras de Martin Scorsese).

El visionado de The Assassination of Richard Nixon resulta estimulante, y no son pocas las secuencias cuya capacidad para la sugestión permanecen en la retina. Ello es así merced del buenhacer narrativo del guionista y director novel Niels Mueller, que estructura sabiamente la narración (utilizando la voz over del propio protagonista, correspondiente a las gravaciones que pretende enviar a Leonard Bernstein, personaje a quien admira, para explicarle a él y al mundo las razones de sus actos –sic-), que la hace avanzar mediante pequeñas variaciones en el tratamiento de escenarios y elementos reconocibles (v.gr. las habitaciones del cuchitril en el que reside el protagonista, los diálogos con el jefe de ventas, por un lado; el bigote, el perro, los Cadillacs, por otro) y que enriquece una narración eminentemente sobria con algún diestro y certero twist argumental –hablo principalmente de la secuencia única que nos revela la verdad del hermano de Samuel-. Mueller ofrece imágenes muy sobrias, que tienen mucho de contemplativo, y esa renuncia a todo artificio, esa minuciosidad, ese deliberado minimalismo, va alentando la propia cerrazón de la historia, y convierte el metraje en algo incómodo, doloroso para el espectador conforme las piezas van encajando (o más bien debería decir desencajando) hacia su trágico desenlace. Me fijé en los créditos iniciales que Alexander Payne se contaba entre los productores ejecutivos del filme, y debo decir que, por paradójico que pueda parecer, se nota una cierta influencia del realizador de About Schmidt y Sideways tanto en la descripción del personaje principal –Samuel aquí, igual que el tipo recién jubilado o el escritor frustrado en las obras citadas de Payne- como en el modo que Mueller planifica las secuencias o las dilata en su ánimo de subjetivizar hasta el extremo el sentido de lo narrado. Aunque en el apartado argumental las propuestas de Payne parezcan antitéticas a ésta de Mueller, a poco que uno se fije, el modo de acercarse a los conflictos que sus filmes encierran difiere bien poco, y menos aún el contenido esencial de esos conflictos y pulsiones emocionales.

Por: Multisanti | Actuales | Comentarios (6) | Referencias (0)

Comentarios

Dura primera película de Niels Mueller, sobria e inclemente como pocas.
Por medio de un ritmo sosegado, pero implacable en la dirección al más doloroso infierno interno de un hombre infeliz, lleno de buenos sentimientos, pero abocado al más profundo fracaso por su irrefrenable extremismo social, asistimos a la autodestrucción del protagonista.
Mueller se toma su tiempo para progresar en el desarrollo de la caída de dicha persona, que no olvidemos, existió realmente; y lo hace de forma implacable, demoledora.
Sean Penn dota a su personaje de un alma perdedora que sentimos cercana, ya que le damos la razón en el fondo, pues sus deseos son los nuestros pero, sin embargo, no podemos congeniar con él dada la sinrazón de sus actos. Esta dicotomía, extraña y francamente molesta para el espectador, ya que vemos la injusticia que debe soportar a diario el protagonista, pero no podemos familiarizarnos con él pues aunque el fondo le asiste, la forma y lo lejos que lleva todo cuanto piensa o hace, nos obliga a rechazarlo. Igual que hacen los que le rodean.
Momentos como algunas conversaciones con su esposa, su hermano, su jefe (magnífico Jack Thompson) o la entrevista con el hombre que podría darle la oportunidad de emprender una nueva vida de empresario honesto, azoran al espectador, sintiendo algo que se mueve entre la ternura y la vergüenza ajena. Cuanto desea el protagonista lo aplaudimos, pero al mismo tiempo sabemos que es imposible, que en esta sociedad materialista y egoísta es una entelequia, un mero sueño e incluso un peligro social. ¿Qué pasaría si todos actuaran del mismo modo que él ?
Un filme duro pero necesario, que nos hace reflexionar al ir mucho más allá que la visión de una tragedia humana largamente anunciada.
Magnífica banda sonora.

Iñaki Bilbao | 04-07-2006 12:25:39

Iñaki, veo que lo pasaste tan mal como yo viendo la película. Y si nos hacen sufrir, ¿por qué rayos nos gustan? Supongo que debemos de ser masoquistas, no se me ocurre otra explicación, ¿no crees?

MULTISANTI | 04-07-2006 16:29:02

Hola, amigo Multisanti,

¡Hombre, yo de masoquista, más bien poco (excepto cuando tengo algún encuentro con alguna experta en sadomaso, pero esa es otra película).

Lo que ocurre es que uno va a ver una peli que ya ha oído que será dura, a lo que ya estoy acostumbrado tras muchísimas películas a cuestas, y se encuentra con una cinta amarga como la hiel, que le hace pasar mal/estupendo rato, al hacerle cuestionarse muchas cosas que ni siquiera recordaba, tal es la anestesia general que nos inflinge diariamente esta sociedad tan consumista y egoísta que nos ha tocado vivir. Bueno, que nos ha tocado, no, que hemos creado entre todos. Unos directamente, y otros por dejadez, por delegar en otras personas a quienes en realidad les importamos un pimiento.

Pero bueno, que me estoy poniendo trascendental.
La peli, pese a ser mejorable, me gustó mucho y me pareció valiente y honesta.

Un saludo.

Iñaki

Iñaki Bilbao | 05-07-2006 09:17:27

Te doy la razón en lo trascendental, y en eso de que la peli es valiente. Aunque ciertamente es mejorable, me pareció brillante por ser una opera prima. Así da gusto seguir yendo al cine a pasarlo, como dices tú, mal/estupendo.

Hasta pronto

MULTISANTI | 05-07-2006 10:40:14

Lo primero, felicitar con mucho retraso a Multisanti por su magni'fica cri'tica: me has dejado anonadado. No en vano deci'a Goethe (cogiendo de nuevo al alema'n) que el verdadero mediador era el arte y que era poco menos que absurdo intentar hacer de mediador al mediador, pero que aun asi', muchas maravillas nos eran deparadas en ese camino. Tu' me lo confirmas una vez ma's, Multisanti. Gracias.

Por otra parte, y si alguien lee esto, solo decir que me encuentro de vacaciones en algu'n pai's lejano y que por ello la pa'gina se encuentra tan parada. Espero poder salir con alguna cri'tica interesante de "Una historia de violencia", "El Hombre del Tiempo" o "Miracolo a Milano"... a ver si lo consigo...

Y aprovecho para anunciar que el di'a 17 de este mes (el lunes que viene) voy a ver "Lady in the Water" en una preview. De eso si' que tendre' que dejar constancia.

Saludos!

Francis | 13-07-2006 06:08:16

Sonrojo por tus halagos, Francis. Y -hay que decirlo y repetirlo todo- mucha envidia por esa preview mundial del nuevo Shyamalan (ayer me acordé de ti en el cine, pasaron el tráiler, y se me pusieron los dientes largos...)

MULTISANTI | 13-07-2006 12:07:25

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